jueves, 3 de abril de 2014
Se que algún día gritarás mi nombre y yo me apartaré.
Se exactamente lo que ella sentía. Tan claro como si fuese mi propio cuerpo y mente. Se lo sola que se sentía, lo que la brisa le decía, zarandeandola en la cara, cómo los frondosos árboles la acariciaban sus suaves mejillas. Cerró los ojos, evadiendose de su sumisa tristeza que la tenía encarcelada, maniatada. Pensó en todo aquello que nunca se permitía, en el puro silencio que la regalaba un trocito de algo que ansiaba: paz. Empezaba a darse por vencida de ese espantoso aire que tanto revelaba y a que a la vez nada coherente decía, cuando de repente, los primeros rayos de un sol ardiente alumbraron esos ojos aguados. Sonrió. Una sincera y breve sonrisa asomaron en sus comisuras cuando, apretando sus ojos sintió que su sitio había cambiado, de repente la historia había dadose un respiro y se encontraba escuchando ese mar que tanto recuerda, un lugar donde no conocía problemas, un lugar donde una persona como ella seguramente deseara huir, mientras que para ella, era su escapada. Un agudo ladrido y barullo la devolvió a una realidad que se le antojaba inhóspita. Despertó. Pensó que quizás podría hacerlo, podría mandar su cuerpo y no su mente a ese sitio. Pensó que quizás era hora de cumplir su cometido y reventar todo el mal posible, pensó que podría cambiar el rumbo de su vida, darla sentido y encontrar a nuevas personas que la valoren como ella vale. Ella estaba destruida y necesitaba que la recompongan.Ella necesitaba ayuda y nadie lo veía. Ella no quería huir, ella quería ser rescatada. Ella quiere ser recompensada, amada y hecha, no a cachos.
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