Me encontraba de pie, investigando y analizando si moverme, si agacharme para tapar ese cuerpo mutilado que un día fue mio. Que te ha hecho, mi amor. ¿Cómo puedo hacer que te sientas mejor? Me agaché sigilosa, con cuidado. Temía que si el viento soplaba tu te irías con su partida. La sangre no dejaba de pulular, y mi voz se hacia de rogar. Intentaba decirte que te tranquilizaras, que todo saldría bien, aun sabiendo que no era cierto. Intentaba tocarte, devolverte a la calma y hacer que tu sueño eterno llegara cuanto antes para cesar tu dolor. Te cogí la mano, y juraría que aun seguías caliente cuando tu último gemido salió disparado, creí escucharte un ''adiós'' pero era mi voz quien susurró aquellas palabras. Supe que ese día era mi principio del fin.
Me alejé, ceñida a mi itinerario de venganza. Caminaba sin ningún sitio a donde ir. Sin mirar atrás. Sin echar la vista a tu cuerpo ensangrentado y solo. Me odié a mi misma por abandonarte en aquel lugar donde nunca tendríamos que haber pisado. Pero no me paré. Continué mi camino.
No recuerdo nada más de los siguientes cuatro años, salvo palabras de compasión, miradas llenas de lastima, y caricias afligidas.Lagrimas de la gente que una vez fue tuya, como yo. Que te echaba en falta. Como yo. Que estaba dolida. Como yo. No quería nada de eso. No quería.
Mis familiares me ingresaron en un lugar del que aprendí a ver en vez de a mirar. Lo llamaban centro de salud mental. Yo lo apelaba ''puto loquero de mierda'' . Los celadores, a los que llamaba ''Putos bata-blanca'' me diagnosticaron esquizofrenia. Decían que mí cerebro había creado un trauma agudo pero tratable, bastante normal después de haber presenciado una muerte tan espeluznante de un ser querido. Mi opinión se las pasaban por los cojones, pero yo sabia que no era así. El amor de mi vida había sido asesinado y torturado por alguien cuya cara desconocía, y lo único que yo ansiaba era venganza, lo primordial para mi en estos cuatro años atrás, era su sangre.
Estuve encerrada en ese maldito lugar seis meses. De los cuales, mi familia/seres queridos no se molestaron en venir a ver como estaba mi gran trauma o esquizofrenia. Solo una persona venia a visitarme cada dos semanas, una tal Bárbara Leiman. No entraré en detalles de como fisicamente llego a atraerme tanto, casi hasta seducirme. Sus visitas llegaron incluso hasta ser mas continuas. Creia que me enamoraba de esa mujer. Creia que la poca vida que me quedaba se estaba esfumando cuando cruzaba el umbral del loquero al exterior. Le supliqué que me sacara de mi cueva. Yo seria suya si lo hacia. Nunca lo hizo. Sin embargo mi cuerpo llevaba grabado su nombre a fuego.
En esos seis meses, la hice el amor en tan repetidas ocasiones que incluso pensé que se quedaría dentro de mi hasta mi muerte. Y aunque así fue, no sucedió de esa manera.
Mi deseo hacia ella cada día se profundizaba más, y más, y más. No podía dejar de tocarla ni de besarle continuamente. La señorita Leiman me repetía que me rescataría de allí en cuanto entendiese ciertas cosas. Ya que lo cierto es que no entendía nada. Me saco a mi amor de la cabeza, del corazón y de mi alma para invadirme ella. La detestaba por hacerme traicionar a mi gran salvador. Pero la amaba por devolverme mis palabras.
Ella le mató.
Cuando me lo dijo, mi sed de sangre se sacio. Lo sabia. Algo dentro de mi un día lo supo, pero me negaba reconocerlo y mucho mas a descubrir el porque lo hizo. Mis ojos se nublaron cuando las palabras ''Yo'' y ''Maté'' se juntaron pronunciadas en sus labios como si de un saludo se tratase. En ese momento aquella venganza que tanto ansiaba se desvaneció. Ella sonreia. Como si hubiese planeado todo esto y riese tras su victoria.
¿Porque?
Bárbara nunca me dijo el por que. Me mató antes.
Me acuchillo lentamente, mientras sonreia y me besaba. Mientras yo gemia de placer. Mientras aquella mujer terminó por arrebatarme mi vida, mi cuerpo, mi alma, y mi corazón.
Mientras yo la amaba.
Y asi morí. Primero mutilada en un cuerpo ajeno. Y luego amando locamente a una jodida psicopata, diosa de mi edén sangriento.
Soy tuya.