Y es que lo siento tanto, tanto en mi. Tanto no poder darte lo que mereces. Todo lo que me das. Siento tanto no ser lo que buscas, y que tu no seas lo que busco yo.
Eramos la copia exacta del amor mas inusual y verdadero capaz de ver lo inexistente, de jamas hacer tripas corazón, de no tragarnos nuestro orgullo y de nunca hablar los problemas. Porque eramos uno de ellos. Un maldito problema que como tantos otros no tienen solución. Eramos puro fuego ahogado en un vaso de agua. Una llama en la boca del estomago que nos consumía lentamente.
Desde el primer día empezó la cuenta atrás, no era vivir si no sobrevivir. Y es que poco a poco empiezas a sentirte débil, frustrada, cansada. Y es que no hay rama que avive este fuego. Por que hemos sido nosotros mismos quien le hemos apagado.
Hablábamos de justicia, pero dime, ¿Dónde esta la justicia si tengo prohibido el roce de tus labios? No hay nada coherente a lo que a mi respecta cuando hablo de ti, de nosotros. Es un poder y no querer. Un necesitar y repudiar. Un todo ahora pero no puedo. Un nada después pero te necesito, pero vuelve. En la cuerda floja pero irrompible.
Nos creíamos vulnerables, pero que coño, ¿quien puede con nosotros? Somos la constancia de un amor que se odia. Un amor que por intentar superarse, por crecer, esta acabando en la miseria de la soledad. No mantengas la esperanza, ésto está apunto de acabarse una vez más. Y de empezar otra vez. Como siempre.
Moría detrás tuyo, te mataba cuando te tenía en frente. Y es que no te soporto, y a la inversa. Pero que así es nuestro mecanismo, ida y vuelta, recorriendo las manecillas del reloj mientras vivimos juntos y lejos, hasta que suena el ¡boom! y nos detenemos en el mismo minuto, a la misma hora por un par de centésimas de segundo que vuelve a repetir el mismo cuento, con el mismo final y el mismo comienzo.