lunes, 28 de septiembre de 2015

Mi rey.

Oberva mi vacío. Tiene su peculiar encanto si te propones a sacarle partido. Tiene varios nombres incrustados a conciencia. Varios sentimientos de rabia y dolor. Mi vacío esta casi lleno de recuerdos que me censuran.
Te miro después de tanto tiempo y se que nada ha cambiado, que yo sigo aullando por tenerte y que tú en cambio no necesitas mas que mi ausencia para ser feliz. Perdona mi estúpida constancia de dolerme. Porque me dueles. Me duele el recuerdo que me llena y me vacía, el de tenerte pero a medias; las que ya no llevo; las que me quitabas.
La dramática constancia de confesarte por las noches, de no llamarte salvo en sueños, de autodestruirme con tu retrato cada mañana.
Y es que no te vas nunca. 
Y el pecho me presiona con fuerza.
Y la garganta me dice que pare.
Pero no paro. Mis pulmones piden clemencia y mi cabeza les manda callar.
Aqui todos hablan pero ninguno dice nada. 
Tu boca no me mira y tus ojos no me reclaman, siento todo esto. Siento sentir. Siento que no lo hagas. 
Envuelveme en tus sábanas mi rey, y provoca el inminente adios del que nadie se libra.  Bésame una última vez y susurrame el te quiero que nunca has dicho, pero vete.
Sal de mi, querido. 
No quiero tener conceptos equivocados, no quiero perderme en cada constelación que me enseñas, en cada mundo que me presentas,no quiero quererte.
Pero cuidate, cuidate como nunca lo he hecho, cuidate como nunca me dejaste hacerlo. 
Mi cabeza como tu corazón, en ruinas. Yo reconstruyendo y tu bombardeando.
Buenas noches mi rey, te diré te quiero cuando no estés escuchando.