Volver a reventar, a plasmar en el folio el resto de mis
vísceras, a escribir tanta tinta como sangre contenga el bolígrafo, a no
echarte de menos, a tocarte.
Volver a sentir, porque cariño, desde que te fuiste el
huracán de mi interior sigue girando, y girando, pero nunca gira lo suficiente
para volverte a ver.
Tienes que entender que el rencor se fue cuando decidiste no volver, que todo cambió, que la luz se apagó, que quizás ya no te esté esperando, pero que por otro lado, si vuelves ayúdame a ordenar mi desastre, porque a este caos le falta tu fuego.
Ya hace un tiempo que mi alma no habla, mis dedos no escriben y mi cabeza no hace más que ponerle excusas al folio para no escribir tu nombre.
Si lo digo se hará real, me repito, si lo digo no habrá beso ajeno que te impida volver a mi cabeza.
Es irónico cómo la vida trata, con una constante obsesión, de separarnos haciendo que todo el cuerpo vibre cuando me miras.
Es irónico tratar de alejarte cuando todos los caminos que recorro acaban en tu cama. Y créeme que me gustaría parar este bucle de una maldita vez, cerrar los ojos y hacer como si tus labios nunca hubiesen pasado por mi cuello, pero entonces empiezo a desangrarme y me hundo y grito clemencia y susurro vuelve y quédate pero no lo haces entonces enloquezco mientras sigo desangrándome por el roce de tu piel.
Hay veces, que cuando conoces a una persona, sin saber como, la acabas cediendo toda la lealtad de tu alma y entonces es cuando estas perdido, porque da igual cuantas personas conozcas, de cuantas te enamores, cuantas te fallen y cuantas no, que al final siempre acabarás volviendo donde tienes el alma.
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