Y, finalmente, ¿que esperas de mi? Estoy segura que no puedo superar tus sucias expectativas, no soy yo si no tu. No quiero oír ni una sola queja más de esa boca que una vez engañó a mi puerta blindada. Nada de lamentos, ni de culpas incoherentes que me lanzas. Nada de historias que me cueste creer, ni de recuerdos estúpidos y viscerales. Lo has acabado. Y, sin embargo, tras convertirme en aquello que tanto querías, en la persona moldeable e ilusa, enamorada y latente, odiada y odiosa, continuas con esta mentira.
No se si te abrace lo suficiente, o si todo lo contrario, te abrace de menos. Estoy segura de que hoy, ahora mismo, echo tanto de menos tus ojos como me echo de menos a mi misma.
Es tanta la crisis en mi cabeza, que hasta lo prometido es deuda, y tal vez sea así como me siente: endeudada. Creo que inhabilitaste toda canción romántica que algún día podría escribir, nada de baladas, ni pianos que amenicen esta noche helada, este corazón arrítmico que una vez bailaba al son de tu armonía.
Tan loca como enamorada, tan enferma como cuerda, tan fría como me dejaste, tan pálida como sola.
Te supliqué que me sacaras de esta condena, en cambio, apretaste mis cadenas en el filo de lo imposible, de respirar sin ti. Aunque no sepa que es peor, si estar contigo o estar contra ti.
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